It



  • Leído en: 2025, antiguamente.
  • Escritor: Stephen King.
  • Género: Intriga, terror.
  • Año de publicación: 1986.
  • Sinopsis: It is a group of children who see – and feel – what makes Derry so horribly different. In the storm drains, in the sewers, IT lurks, taking on the shape of every nightmare, each one’s deepest dread. Sometimes IT appears as an evil clown named Pennywise and sometimes IT reaches up, seizing, tearing, killing...


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    Junto con El resplandor, uno de mis libros preferidos de joven, cuando el King era el mejor a pesar de su apellido. También estaban Apocalipsis y, entre otros, Misery, Cementerio de animales o El pasillo de la muerte. En esa época podía leerme cuatro veces la misma novela de Dean R. Koontz y alternar una prestada del «maestro del terror» con otra relectura de Robin Cook mientras esperaba lo nuevo del Círculo de Lectores. Desde entonces, Stephen ha bajado puestos en mi imaginaria lista de escritores favoritos. No ha sido un descalabro, sino una especie de abandono paulatino e indiferencia. Últimamente me ha dado por recuperarlo, y nunca me ha encantado nada suyo como antes lo hacían, sobre todo, los dos primeros volúmenes que he citado. Así que, para intentar olvidar las decepciones y volver a disfrutar del autor, me puse con It porque, además de ser una de sus obras maestras según los eruditos de la Universidad de Miskatonic Derry, es quizá su novela más característica. La empecé en dos mil diecisiete y la abandoné tras varios intentos debido a la traducción, que es una castaña y me obligaba a consultar el original en inglés cuando veía algo raro (continuamente). La edición antigua está llena de localismos hispanoamericanos y de traslaciones literales o directamente incorrectas. La moderna parte de la anterior y corrige algunos errores (no todos, ni muchísimo menos) y, a la vez, se come frases cuando le viene en gana y suaviza o acorta injustificadamente ciertas expresiones. Mira que coincidió con el estreno de «la película» y podían haber aprovechado para traducir It de nuevo y editarla con esmero... Pues no; como siempre, a lo cutre: un cambio de portada, una revisión fallida del texto y a correr. Así que acabé desistiendo y me quedé sin It… hasta ahora, que la he leído en el idioma en que se escribió, sin demasiadas dificultades y menos rencores.

    ¿Y he vuelto a sentir la vieja satisfacción? Solo a medias, la verdad. Por un lado, Stephen sabe contar una historia, y esta da mucho juego; incluso la mayoría de las secundarias son como mínimo resultonas (y esto no suele pasar). Y crea expectación, retrata un mundo creíble, mete referencias interesantes (por ahí andan Lovecraft y Poe) y, si bien se desarrolla lentamente, esto no impide que sea cautivante en muchos tramos, sobre todo en la primera mitad. Pero, por otro lado, creo que he dejado atrás al hombre este, porque los defectos que suelo achacarle hicieron que tan pronto estuviera enganchado sin remedio a la trama como fuera de la narración, suspirando ante una de las suyas*. He pasado de disfrutar bastante al principio a ir cansándome de rodeos, detalles y caprichos (en especial en el último tercio, por acumulación y por ser el menos logrado) hasta llegar a un final fallido (lo habitual en él) y parcialmente salvable. Y ha sido una pena que se fuera quedando por el camino el terror, diluido en las numerosísimas páginas, digresiones y subtramas y reducido a un adorno estéril en un relato generacional (RF) de las particularidades de la infancia y el paso del tiempo que hace apología ochentera de la amistad y la magia chupiguay y que me recordó a, precisamente, El cazador de sueños, pésima adaptación a la gran pantalla (RF) de otro libro del escritor, que no he leído, donde los chistecitos y estupideces de los personajes daban vergüenza ajena (y la trama es muy similar a la de It, por cierto). Pero el principal contratiempo llegó después de la lectura, y fue la confirmación de que el argumento hacía aguas (ja); entonces tuve que parar y dejar de pasar por alto todo lo anterior. Si no le diera vueltas y me creyera todo sin más, podría usar el «mientras se lee» y poner delante que es un placer, que se dejan de lado las incoherencias, que la intriga te fuerza a no hacer otra cosa, que es el mejor libro del autor o cualquier frase por el estilo y desestimar lo negativo; y así será para otros: yo soy un tiquismiquis, y eso que lo he intentado de veras…

    En resumen: aunque nunca podré decir que It sea una mala novela, pues tiene todas las bondades de Stephen y un buen extra de nostalgia, he de reconocer que ni de lejos resulta tan maravillosa como creía al comenzarla, y si la hubiera leído hoy sin ningún bagaje seguro que tendría peor opinión y habría sentido la tentación de mandarla a tomar vientos sobre las setecientas páginas… En fin, pensaba que podía fiarme de los clásicos stephenkinescos que en su día me complacieron, pero, por lo visto, resulta que no… o por lo menos no del todo.


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    [No sigas si no has leído el libro:
    a partir de aquí desvelo el argumento]

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    * : Aparte de su manía de relatar anécdotas e irse por las ramas para hinchar los libros sin contar nada importante y terminar aburriendo al personal, hay otras cosas que no me convencen, como los putos pompones naranjas en todas partes, Pennywise dando volteretas, los adultos haciendo chiquilladas o, por poner un ejemplo más concreto, que el pájaro que vio el padre de Mike Hanlon en el incendio del Black Spot tuviera un manojo de globos en cada ala y flotara por eso. Puede que a alguien le dé miedo por imposible; yo lo veo demasiado tonto, me recuerda a lo de los zapatos rojos de la cuarta novela de la Torre Oscura y, aunque dicen que It se manifiesta con símbolos de villano de superhéroes y en forma de monstruo porque lo ven niños y se adapta, ahí lo está viendo un hombre hecho y derecho (RF). Y justo después ocurre una de tantas absurdeces que tampoco me van: un rastro de pasos que llegan hasta la mesa de Mike, desaparecen… y han dejado un globo con su cara desfigurada que de golpe explota. Vaya, que no soy muy amigo de esos sustitos y en el libro abundan (los cuadros que ve Beverly y en uno Yisus le saca la lengua y en otro Kennedy le hace un guiño; los globos con letras y todo de colorines; la cabeza de Stan en la nevera; las visitas de It a cada uno cuando vuelven… me recuerdan a las bobadas de muchas películas de terror de esos tiempos, como Pesadilla en Elm Street). También hay protagonistas más planos que una tabla (Stan, Eddie), poco trabajados (Beverly, Mike), majetes (Ben) y pesados (Richie), y la adoración de Bill cual elegido de dios me cansa, y su contraposición al macarra pero patoso Henry Bowers me hacía pensar al principio en la plomiza dualidad Bien-Mal mediada por entidades sobrehumanas, que se acabó confirmando. Y es que algunas preferencias del King no son las mías (ponerse corbata un adolescente para ir «elegante»: correcto; vestir de negro a lo «rebelde»: cutre; alguien comprometido más allá de con sus amigos o su familia: no mola [el sindicalista: gordo, molesto y sucio]; etc.). Además, usa un lenguaje vulgar por capricho y sin gracia, y repite una y mil veces situaciones anodinas que igual a él le hacen ilusión (pedos, cojones, tetas, mierda, sangre, babas, traseros, entrepiernas: que no falten) en ocasiones describiendo soberanas chorradas durante páginas, quizá para dárselas de malote ante los malvados críticos y esos pedantes que gustan de la literatura seria. Y relacionado con esto: eres un chavalín y ver las bragas de una chica o un sostén o una revista Playboy es un instante tan mágico y sumamente especial que, aparte de ponértela dura, te marca para siempre y de mayor no puedes resistirte y tienes que recordarlo, rendirle homenaje y contarlo detalladamente, que no eres un puto mojigato, joder, coño, hostias, perdona mi francés, y además no una sola vez, sino varias, con diferentes chascarrillos (entre otros, saber la época en que estás por los pezones de una chica [?]) que refuerzan la importancia del asunto y me hacen parecer un puritano porque, sinceramente, no le veo la gracia y me sabe a película «de destape» tanta simpleza. Y, para rizar el rizo, en un desenlace que ejemplifica perfectamente la esencia de esa actitud, la Audra se despierta de paquete en una bici que va a toda hostia y, por supuesto, ante el riesgo de muerte, y entre risas, lo que hace es agarrarle la polla al churri porque yo qué sé y, fíjate tú, Bill va empalmadísimo (los calvos son más viriles, RF) con la carrerita que empezó sin más motivo que el saber que tenía que hacerla porque se lo dirían sin decírselo la Tortuga o el Otro (¡magia!) y ya dijimos que Silver es poderosa y no se había usado en el presente de los ochenta y… Ay, Stephen; por qué no haces una porno. Y, cambiando de tema, tampoco queda bien que It sea un pringado como Henry, ni que a Beverly siempre la acompañe alguna descripción apreciativa (o cosas peores: ¿a qué viene eso de follar con todo el grupo para «mantenerlos unidos»?), ni esas moñadas de que los problemas se arreglen misteriosamente, ni la psicodélica, larga y repetitiva recta final (RF), ni tanta risita de guajes y (peor aún) mayores, ni el pesado de Richie con sus Voces y el bip-bip y, no veas, me troncho… Ah, ¿y cómo harán (es-ta-vez) Ben y Bev para estar juntos si lo están olvidado todo? ¿Y qué comía It antes de que hubiera humanos? ¿Y por qué pierden la memoria otra vez si se lo han cargado? No sigo, que me cabreo.