Asesino real
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He tenido momentos de hartazgo con esta novela en general placentera, y tan pronto admiraba la habilidad de la escritora para dibujar a los personajes y sus preocupaciones como un detalle amargo me hacía ojear el número de páginas mientras me lamentaba por el ritmo lento. La historia es intrigante y me lo he pasado bien leyéndola, así que supongo que gana lo bueno… Ojalá el desenlace se parezca más al primer libro o, mejor, se libere de los clichés y sorprenda el argumento.
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[No sigas si no has leído el libro:
a partir de aquí desvelo el argumento]
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Y es que todo resulta demasiado tibio y encorsetado; los protagonistas no evolucionan (en especial Traspié) y siguen cayendo en trampas de principiantes, como esas intrigas palaciegas que desenmascararía un niño de ocho años y que a ellos les aturullan (segundo premio para el rey Artimañas, que pese a su nombre y su Habilidad no se da cuenta de que su hijo menor es un hijoputa: buena metáfora de la realeza por ambas partes, eso sí); hay mucha repetición, de hechos pasados por si no te acuerdas de la anterior entrega y también de situaciones cansinas (peñazo supremo el nombrar a Molly cada cuatro párrafos, por ejemplo); y, de nuevo, gilipolleces aristocráticas y tradiciones para anormales (el físico y, de paso, la actitud y otras cositas delatan una noble cuna, sin duda; y el populacho que se queja lo hace brindando por un príncipe y no por otro…, ¿no pasaba ningún republicano por ahí o es que no interesa mostrarlos?; sí, ya sé, me pueden las ganas a veces y ojalá los vetulus traigan ayuda [o no] y también la guillotina).

